Primero lo escuchás. Un crujido seco, un trueno que viene del hielo, y un bloque del tamaño de un edificio que cae al Lago Argentino. El Glaciar Perito Moreno es de esos lugares que ninguna foto termina de contar: hay que estar ahí, frente a la pared blanca y celeste, para entender por qué es el gran ícono de la Patagonia.
Un gigante vivo
El Perito Moreno está dentro del Parque Nacional Los Glaciares, Patrimonio de la Humanidad, a unos 80 kilómetros de El Calafate. Su frente mide alrededor de cinco kilómetros y se eleva unos 60 metros sobre el agua. Y no está quieto: avanza todo el tiempo, por eso los desprendimientos son parte del espectáculo de cualquier día de visita.
Tres maneras de vivirlo
- Las pasarelas: varios kilómetros de recorridos en la península de Magallanes, con balcones a distintas alturas frente al glaciar. Se recorren a tu ritmo y hay circuitos para todas las edades.
- La navegación: el barco se acerca al frente del hielo y desde el agua la pared se ve todavía más imponente.
- El minitrekking: con grampones y guías especializados, caminás sobre el glaciar entre grietas, sumideros y lagunas de un azul imposible.
Consejos para tu visita
- Tiempo: reservá el día completo. Entre la ruta, las pasarelas y la navegación, se va volando.
- Paciencia: elegí un balcón y quedate un rato en silencio. Los desprendimientos se anuncian con el sonido.
- Abrigo: frente al hielo refresca aunque haya sol. Llevá capas, campera rompeviento y anteojos de sol.
- Entrada: el ingreso al Parque Nacional se abona aparte; consultá valores actualizados antes de viajar.
- Cuándo ir: se visita todo el año. Primavera y verano traen días largos y todas las excursiones en marcha.
Ver caer un pedazo de hielo milenario frente a tus ojos es de esas experiencias que te cambian la escala de las cosas. El Perito Moreno no se visita: se siente.


