En General Conesa, donde la tradición era la fruta, una familia decidió volver a hacer vino. Se llama Un Refugio y es una pequeña bodega que planta, elabora y embotella todo en la misma chacra, a orillas del valle del río Negro.
Detrás del proyecto está Pablo Rodríguez, tercera generación de productores de la zona. Su familia se dedicó siempre a la fruta de carozo, pero los ingresos de la cosecha llegaban una vez al año y los gastos, todo el año. Así que en 2012 plantaron las primeras vides en la chacra de sus padres.
No fue un salto al vacío: los abuelos maternos de Pablo ya habían tenido una pequeña bodega en la zona. Un Refugio recupera esa historia, y el nombre también: es el de un rincón junto al río donde se reunía la familia de su abuelo.

Un terroir que pide uvas
Clima semidesértico, buena amplitud térmica, inviernos fríos, viento, pocas lluvias y suelos arenosos: según Pablo, Conesa tiene todo lo que la vid necesita. El Malbec fue el punto de partida y después llegaron Syrah, Semillón, Cabernet Sauvignon y un rosado de Malbec.
Vino hecho a mano
En una buena cosecha, la bodega llega a unas 10.000 botellas, pensadas para el segmento medio-alto. El viñedo se trabaja sin herbicidas, fertilizantes ni agroquímicos, aunque todavía no tiene certificación orgánica. Y la idea de fondo es clara: que el vino, el turismo y la gastronomía del valle crezcan juntos.
Lo que tenés que saber
- Dónde: General Conesa, Río Negro.
- Desde cuándo: viñedos plantados en 2012.
- Cepas: Malbec, Syrah, Semillón, Cabernet Sauvignon y rosado de Malbec.
- Producción: hasta unas 10.000 botellas por cosecha.
La ruta del vino patagónico suma un nuevo punto en el mapa. La próxima vez que pases por el valle del río Negro, buscá una copa de Conesa: tiene historia familiar en cada trago.
Foto: Diario Río Negro.


