Paredes verdes, pasillos que se bifurcan y la cordillera mirando desde arriba. En El Hoyo, en plena Comarca Andina de Chubut, hay un laberinto de cipreses hecho para perderse a propósito… y disfrutar cada vuelta.
Entrás por la primera puerta y el mundo se achica: solo el crujido del ripio bajo los pies, el olor resinoso de los cipreses y, de vez en cuando, la risa de alguien que está del otro lado del muro vegetal pero a quién sabe cuántas vueltas de distancia. Así arranca la experiencia en Laberinto Patagonia, uno de esos lugares que primero se ven en una foto aérea y después se viven con todo el cuerpo. Está en el valle del río Epuyén, rodeado de chacras, bosques y cerros, y se convirtió en una de las paradas más originales de la cordillera chubutense.
Qué es el Laberinto Patagonia
Es un laberinto vegetal diseñado y plantado a mano por una pareja que se enamoró de este rincón de la Patagonia. Dibujaron el trazado sobre cartón, mezclando geometría, mitología y arquitectura, y después plantaron más de dos mil cipreses, uno por metro, que tardaron más de una década en crecer hasta formar los muros que hoy ves. Se lo presenta como el laberinto más grande de Sudamérica: tiene más de 2 kilómetros de senderos y un circuito de nueve puertas que hay que ir descubriendo.
Lo mejor es que no se trata solo de un juego: el diseño está pensado para que la caminata sea también un pequeño viaje hacia adentro. Hay quienes lo encaran como desafío, cronómetro en mano, y quienes lo recorren despacio, sin apuro por encontrar la salida.
Cómo es la visita
La visita es a tu ritmo. Podés entrar en familia, en pareja o con amigos y separarse para ver quién llega primero al centro. Los chicos lo disfrutan como una aventura y los grandes terminan igual de enganchados. Los pasillos son de piso natural y los muros, bien altos, no dejan espiar: la única brújula es la memoria y, cada tanto, la silueta de los cerros que asoman por encima de los cipreses.
Al terminar, la recompensa está en la lomada de al lado: un espacio gastronómico con vista panorámica a todo el laberinto, donde se pueden probar tortas y dulces hechos con frutas finas de la zona y productos de la chacra. Desde ahí arriba se entiende de golpe el dibujo completo que recorriste a ciegas, y es el mejor lugar para la foto.
Qué más hacer en El Hoyo y alrededores
- Chacras de fruta fina: El Hoyo es tierra de frambuesas, cerezas y frutillas. En temporada, muchas chacras venden dulces y fruta fresca directo del productor.
- Lago Epuyén y Puerto Patriada: playas de lago, bosque y aguas transparentes a pocos kilómetros, ideales para una tarde de verano.
- Parque Nacional Lago Puelo: el lago verde esmeralda, senderos entre coihues y navegaciones hacia la frontera con Chile.
- El Bolsón: la feria regional de artesanos y productores, a un rato de ruta.
Una excursión para combinar todo
Si estás alojado en Esquel o Trevelin, la forma más cómoda de llegar es la excursión Comarca Andina Full Day de Patagonia Experiencias: sale de Esquel por la Ruta 40, pasa por la Estancia Leleque, la Feria Regional de El Bolsón, el Parque Nacional Lago Puelo y cierra en El Hoyo, con visita al Laberinto Patagonia o, según la época del año, a un viñedo de la zona con degustación. Y si reservás por la plataforma, sumás Patagonia Puntos para usar en comercios adheridos (patagoniapuntos.com).
Para planificar tu viaje
- Dónde está: a 3,7 km del pueblo de El Hoyo, hacia la desembocadura del río Epuyén, Comarca Andina, Chubut.
- Cómo llegar: por la Ruta Nacional 40 hasta El Hoyo; El Hoyo queda a unos 150 km de Esquel y a unos 135 km de Bariloche.
- Cuándo ir: abre en la temporada cálida y cierra en invierno. La primavera y el verano son el mejor momento, con los cipreses bien verdes y días largos.
- Horarios y entradas: varían según la temporada; consultalos antes de ir en los canales oficiales del laberinto.
- Qué llevar: calzado cómodo, protector solar, gorra y algo de abrigo: en la cordillera el viento y las tardes frescas no avisan.
- Tiempo sugerido: reservá al menos medio día para recorrerlo sin apuro y quedarte a merendar con vista.
Hay lugares que se miran y lugares que se recorren. El Laberinto Patagonia es de los segundos: entrás con un plan, salís con una historia y, casi seguro, con ganas de volver a perderte.
Foto: archivo Patagonia Magazine.


