La historia
Todo empezó con una pensión familiar en la década del cuarenta, donde la madre de Mario Longhi daba casa y comida a los trabajadores que llegaban a Bariloche, entre ellos los picapedreros que levantaban la costanera. En 1978, Mario abrió en esa misma casa un restaurante chiquito, de cinco o seis mesas, junto a su esposa, Nilda Seiler. Con los años la fonda creció hasta tener dos plantas, tres salones y unas ochenta mesas.
Hoy la siguen Nilda y sus hijos Axel, Agostina y Lucas, con la misma idea de siempre: comida casera, porciones generosas y un trato que hace sentir de la familia a cualquiera que entra. La casa se define como “la de la mejor milanesa napolitana del mundo”, y los viajeros que hacen fila para probarla parecen estar de acuerdo.
Qué probar
- Milanesa napolitana con papas fritas: la estrella de la casa, gratinada y enorme.
- Empanadas caseras para abrir la mesa.
- Pastas caseras: sorrentinos, canelones a la Rossini, lasaña y ñoquis a la bolognesa.
- Platos del día de cocina de olla: guiso de lentejas, puchero, mondongo o peceto con puré.
- Tortilla de papas bien jugosa.
- De postre, una copa helada de las de antes.
Es el lugar para un almuerzo largo después de caminar el centro, para una cena con amigos o en familia, o para cuando la montaña te dejó con hambre de verdad. Funciona igual de bien para grupos grandes que para una pareja que quiere comer rico y sin vueltas, a pocas cuadras del Nahuel Huapi.
Horarios: lunes a sábado, de 12 a 15:30 y de 20 a 24. Domingo cerrado
WhatsApp: +54 9 294 455-1377


