Guanacos al costado del ripio, salinas por debajo del nivel del mar, acantilados sobre el océano abierto y elefantes marinos tirados al sol: Península Valdés se recorre en una jornada larga que arranca temprano en Puerto Madryn y termina con el atardecer.
Hay lugares que se visitan y lugares que se viven. Península Valdés es de los segundos. Son unos 4.000 kilómetros cuadrados de estepa abrazada por dos golfos y el mar Argentino, declarados Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1999 y Reserva de Biósfera en 2014. Y aunque las ballenas se llevan la fama, la península es mucho más que un avistaje: es un safari costero donde cada parada te muestra otro animal, otro paisaje y otra forma de entender la Patagonia.
La mejor forma de abarcarla es la excursión de día completo que sale de Puerto Madryn: unas diez horas de ruta, guía y fauna, con todo resuelto para que vos solo te ocupes de mirar.
El istmo Ameghino: la puerta de entrada
El viaje sale hacia el norte por la ruta provincial 2 y, tras unos 40 kilómetros, llega al puesto de control El Desempeño, donde se abona el ingreso al área protegida. Ahí empieza el istmo Carlos Ameghino, la franja angosta de tierra que une la península con el continente: a un lado brilla el Golfo Nuevo, al otro el Golfo San José.
La primera parada es el Centro de Interpretación del istmo, con su mirador y una muestra que incluye el esqueleto de una ballena. Desde la costa se divisa la Isla de los Pájaros, refugio de aves donde no se permite desembarcar y que, según cuentan, inspiró a Antoine de Saint-Exupéry para dibujar la famosa boa que se tragó un elefante en El Principito.
Puerto Pirámides: el único pueblo de la península
Rodeado de barrancas y con una bahía de agua transparente, Puerto Pirámides es la única localidad dentro de la reserva y el punto donde se abastece todo el que la recorre. La excursión hace una pausa larga: tiempo para almorzar mirando el Golfo Nuevo, caminar por la playa o, hasta diciembre, sumarte por tu cuenta a un avistaje embarcado de ballenas francas, que se paga aparte.
En el camino aparece la fauna de la estepa: guanacos, choiques y maras que cruzan entre las matas, y las ovejas merino de las estancias, porque casi toda la península es campo privado dedicado a la lana desde fines del siglo XIX.
Caleta Valdés: acantilados, pingüinos y elefantes marinos
Después de Pirámides, la ruta cruza hacia la costa este pasando por la Salina Grande y la Salina Chica, depresiones que quedan por debajo del nivel del mar (la Grande llega a 42 metros bajo cero) y que, según la luz, pueden verse rosadas.
Y entonces aparece Caleta Valdés, uno de los paisajes más impactantes de la Patagonia: una entrada de mar encerrada por una lengua de canto rodado, con acantilados que caen sobre el agua turquesa. Allí vive una pequeña colonia de pingüinos de Magallanes, y a pocos kilómetros, en Punta Cantor, está el apostadero de elefantes marinos, que se observa desde lo alto con parador, sanitarios y senderos. Verlos de cerca, enormes, roncando y tirándose arena encima para refrescarse, es uno de esos momentos que no se olvidan.
Punta Norte y la temporada de verano
Según la época y el estado de los caminos, entre noviembre y abril el recorrido puede sumar Punta Norte, en el extremo de la península, donde una gran colonia de lobos marinos de un pelo comparte la costa con elefantes marinos. Es, además, el escenario de un fenómeno único en el mundo: las orcas que se acercan a la playa con la marea alta para cazar, algo que se da sobre todo a fines del verano y en otoño, y que no siempre se deja ver.
Primavera y verano son ideales para esta salida: días largos, pingüinos en la costa, lobos marinos con sus crías y la estepa en su mejor luz.
Para planificar tu viaje
- Cuándo ir: todo el año. En primavera y verano hay pingüinos, lobos marinos y elefantes marinos; las ballenas francas se ven de junio a diciembre.
- Dónde: Área Natural Protegida Península Valdés, al noreste de Chubut. La excursión sale de Puerto Madryn.
- Duración: unas 10 horas, con guía y traslado.
- Qué no incluye: la entrada al área protegida (se abona en El Desempeño), el almuerzo ni el avistaje embarcado de ballenas.
- Horarios: el puesto de control funciona las 24 horas; las unidades operativas de la reserva abren de 8 a 20.
- Qué llevar: campera rompeviento, protector solar, anteojos de sol, gorro, agua, binoculares y efectivo o tarjeta para el ingreso.
Península Valdés no se termina en un día, pero un día alcanza para entender por qué el mundo entero la protege. Te vas con el ruido del mar en los oídos, el olor a sal en la ropa y la certeza de que vas a volver.
Foto: Patagonia Experiencias.


